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Todos somos un poco Quijotes

Todos somos un poco Quijotes

«¿Qué me importa lo que Cervantes quiso o no quiso poner allí y lo que realmente puso? Lo vivo es lo que yo allí descubro, pusiéralo o no Cervantes» -Miguel De Unamuno. Del sentimiento trágico de la vida (1913).

Sucede con todas las aventuras que nos ayuda a vivir la literatura. Para cada uno de nosotros, este personaje o aquel tiene unos matices, vértices impensados para cualquier otro interlocutor.

La grandeza de los personajes que marcan o han marcado nuestro carácter. Hoy tengo frente a mí una de las esculturas de bronce de Don Quijote.

A veces pienso que fue, imaginativamente, un incomprendido. Solo sentía que debía vivir esas aventuras. Y a pesar de todos los impedimentos, contratiempos y mamporros que se llevó, ni el Bachiller letrado ni el barbero consiguieron frenarlo.

Le dicen loco. Me parece que los locos deberían mirarse en el espejo. ¿Acaso es locura dedicar cada día a crear figuras decorativas, hechas a mano, en bronce, para ejerzan de sujetalibros de otras locuras exquisitas?

¿Acaso es locura mirar con otros ojos la realidad poliédrica que nos rodea? ¿Será locura comunicarse sin hablar, con un lenguaje matemático como es la música?

Si locura es, bendita sea.

Vivimos como Quijotes pero renegamos de su verdad. A veces cerramos los ojos a aquello de la realidad que no queremos ver. Entonces nos perdemos y adoptamos la filosofía Sancho Panza. A veces, lo simple, no es suficiente.

Porque Don Alonso Quijano carga en sus espaldas con lo transmitido en sus lecturas, que no ha sido sino su forma de vivir. Está viviendo un momento de transición. ¿A la cordura? Permitidme que lo ponga en duda.

Sobrepasado y doblado por el peso de lo vivido quizás se da cuenta de que existe otra vida que aún no ha conocido. Esta ya sabe cómo ha terminado. El testigo ha pasado a otras manos. Las de Sancho, que tan cuerdo se creía pero que cayó en el influjo de su irrealidad.

¿Qué le queda a él, a Don Quijote?

Encontrarse de nuevo y emprender nueva senda. Se ha transformado, pero en esencia, sigue siendo él mismo.

Al fin y al cabo, todos tenemos algo de Quijote. Y algo de Sancho. 

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