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Irreverentes en el Curueño

Irreverentes en el Curueño

Esta es la historia de unos niños cualesquiera; puede que incluso sea la de tu infancia en la montaña; entre las lomas de dos muros que separan historias unidas. Allí el verano trascurre plácido entre carreras para llegar al río y juegos al principio inocentes. Porque inocentes son nuestros irreverentes del Valle del Curueño.

El río que une

Podríamos llamarles Melita, Marina o Toñín. Son coetáneos en años. Y han desarrollado unas pandillas inseparables que se reúne entorno al río, separados por la educación recibida.

Es el río de sus vidas. Allí se paran ya para charlar, ya para idear alguna travesura según el género del que hablemos.

Cada año parecen citarse sin llamarse a la vera del rio, porque esperan que la confianza de cada verano se mantenga a pesar del tiempo. Pero con ellos el tiempo no se para; aunque pueda parecerles que el agua es el mismo, que no cambia, que fluye en un continuo bucle, son ellos mismos quienes más han cambiado.

Y los juegos que antaño fueran inocentes, tornan peligrosos. Porque el tiempo no perdona. Los niños juegan en sus aguas cuando son niños, y con sus aguas cuando trascienden la infancia.

El río de aguas (no) tranquilas

Sus aguas cristalinas y heladas nacen del deshielo y abrazan la naturaleza a la que da forma. Lo nutren pequeños manantiales en forma de arroyos hasta que se funden en un único cauce. Como los niños que vemos correr y tirar piedras en su cauce.

Cuando son más conscientes de su existencia, de la del río y la propia, les basta con sentarse a su vera y escuchar el susurro del agua que transita.

Unos leen tranquilamente acompañados por el arrullo del agua y los pájaros de su rica fauna; otros pasean el tiempo mientras juegan coquetos e inocentes, si es que esto es posible. Se observan entre ellos sin el valor de hacer desaparecer la barrera de la sensatez.

Quizás toda esa calma, esa vida tranquila se deba a su propia leyenda como Río de la Paciencia: por más abrupto que se torne la vida, siempre nos queda el discurrir del tiempo y la vida para suavizarlo con la experiencia.

 

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