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Un otoño en Babia

Un otoño en Babia

La primavera es pura vida en la montaña. Las nieves tornan agua, los niños corretean en grupos de allá para acá, entre el barro y el verde de las inmensas praderas de pastos y ganado. El otoño... el otoño es todo lo contrario. Los jóvenes como Toñín, LolínMenina volvían a las escuelas o a ayudar en casa. Las tardes no dan tanto de sí.

Pero no todo es tristeza en otoño. Porque Babia vive aún bella. Con sus colores ocres, sus vivos amarillos, el verdor aún mantenido de sus pastos y sus montes... Quizás sea esta la razón detrás de la pasión por crear esculturas de bronce.

Un intento necesario internamente para mantener vivos los veranos y el otoño que vivimos en Babia. Correr, leer, jugar, enamorar... todo esto que en resumen se conoce como vivir. Quiero pensar que en cada una de las esculturas de los jóvenes en bronce habita una pequeña historia de nuestra memoria.

Hoy el Río Luna no baja, pero sí el nivel del agua del pantano que abre nuestras puertas. Aquí, donde vacas y yeguadas buscan los otrora verdes pastos, resurgen del fondo los recuerdos de otros tiempos y otras vidas.

Porque todos por aquí tenemos Diferentes formas de mirar el Agua. Magistral, Llamazares, recopilando lo que la tierra es al hombre. Lo que el hombre es en la naturaleza; lo que la naturaleza puede moldear como hombres con historia.

Estar en Babia

A Babia venimos quienes buscamos la tranquilidad, la calma, el ritmo natural de las cosas. Estar en Babia no significa, como vulgarmente (del vurgo o pueblo) quedarse absorto o alelado.

Bueno, o sí. Porque no son pocas las ocasiones en las que en busca de la inspiración para un nuevo sujetalibros literario dejo que mis pensamientos se pierdan por las montañas.

Como antaño los trashumantes que desde las altas tierras descendían por la Ruta de la Plata a las extensas dehesas y tierras extremeñas, y en las largas noches de verano, juntos, recordaban las montañas, desde el puerto de Ventana hasta Peña Ubiña, y toda su tierra.

Estar en Babia, sí, es desconectar de una sociedad que circula demasiado deprisa sin apenas tiempo para vivir.

Vivir. Hermoso verbo que poco practicamos.

Y ahora. Ahora es el momento de dar un último paseo por Babia...

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